“El ‘sí’ de María nos trae la paz”
“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38)
1. SALUDO
Venimos a la casa de nuestra Madre Asuncion para sentir lo que Jesús sintió: la ternura de Su madre y nuestra madre. Estamos aquí, en casa, para mirarnos en los ojos de la mamá que nos recibe con flores.
No hemos venido como turistas, sino como peregrinos. El turista se cansa, compra y posee, solo viene a sacar fotos que después pierde, pregunta por las opiniones, regatea y anda de mal humor. El peregrino, en cambio, resiste, admira, disfruta, busca la verdad, anda siempre alegre, valora y se entrega.
2. ¿QUÉ NOS ANGUSTIA HOY?
En nuestro País se están dando graves amenazas contra la vida, don de Dios. También en la Sierra, el hambre y el narcotráfico se han hecho presentes como nunca.
Los daños son inmensos: daños a la salud porque las víctimas se destruyen; daños culturales porque ya se mina el amor a la tierra, a las tradiciones, a la familia; daños a la visión del trabajo legítimo y honrado ya que ganar dinero fácil, rápido y sin esfuerzo se va haciendo ley; el miedo en que se vive ya no deja vivir.
¿Por qué, si Dios nos hizo simples, nos hemos complicado tanto?, ¿por qué llevamos tan dentro la agresividad y la violencia? ¿Por qué no somos como deberíamos ser y estamos llamados a ser?
3. ILUMINACIÓN
Según la Palabra de Dios fuimos creados para vivir en armonía con Dios, con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos. El hombre grita gozoso al ver a Eva (Gén 2, 23) y tiene el primer diálogo con Dios (3, 9-13). Nuestros primeros padres viven con alegría en el paraíso.
Pero esta relación de comunión termina cuando el ser humano se deja engañar por la serpiente. Hubo una mujer que dialogó con el maligno y nos hizo mucho mal a sus hijos. Vino la caída y la consecuencia: salir del paraíso. Nuestros primeros padres fueron engañados y perdieron la inocencia. Se hicieron maliciosos como la serpiente. Perdieron la gracia de Dios y dejaron de ver el mundo con ojos de inocencia.
Hay dos preguntas dramáticas que Dios le hace al ser humano: la primera es “¿Dónde estás?”, y la segunda “¿Dónde está tu hermano?”. Son preguntas muy pesadas. A la primera pregunta el hombre se escondió y no contestó. A la segunda, Caín tampoco contestó. Su respuesta fue cínica y agresiva: “¿Acaso soy guardián de mi hermano?” (Gen 4, 9).
Las preguntas son para todos y muy actuales. Nos involucran a todos y en cualquier época. Cada uno tiene que responder.
Pero no todos se han escondido en su respuesta. Ha habido hombres y mujeres que han respondido: “Heme aquí” dijo Abraham (Gén 22, 1), “aquí estoy” respondió Jacob (Gen 31, 11; 46,11), “heme aquí” dijo Moisés (Ex 3, 4)…
La más radical y asombrosa respuesta la tenemos en dos personas: el Hijo de Dios “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (Hebr 2, 13; 10, 15), y la Santísima Virgen María “He aquí la sierva del Señor…”. Fueron respuestas plenas: Aquí estoy con mis hermanos.
Si hubo una mujer (Eva) que habló con la serpiente, y nos trajo la muerte; hubo otra (María) que dialogó con Dios y nos trajo la vida.
Cuando el ángel la saluda con aquél piropo cariñoso: “Alégrate preciosa”, y le presenta el Plan de Dios sobre ella y sobre la humanidad, María pregunta, acepta, obedece y corre el riesgo. Su respuesta fue un “Sí” total y sin condiciones.
Ese “Sí” de María que dio en Nazaret y que traspasa los tiempos no fue un “sí, pero…”, “sí, ya veremos…”, “sí, según las circunstancias…”; fue un sí sin ninguna reserva y condición. Su respuesta a la Palabra no fue a medias sino total y exacta. Fue un “Aquí estoy” hasta las últimas consecuencias. “He aquí a esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38).
4. ACCIONES
Hoy queremos decir “sí” a la vida. Le pedimos a Dios nos devuelva la inocencia (ser inocente no es lo mismo que ser ingenuo). Por eso rezamos, cantamos y danzamos; aunque la violencia parezca ahogar la voz de los que estamos y de los que no pudieron venir. Cuando muere la fiesta, muere la vida; cuando ya no se danza, es que ya se ha perdido todo.
Ante tanta complicación, pedimos la sencillez. La vida consiste en irse haciendo simple. Dios nos hizo sencillos, pero nosotros nos complicamos.
Queridos hijos Gilberto, Enrique y Heriberto: al recibir los ministerios, todos los presentes nos unimos a ustedes para ayudarles a decir “Sí” con y como María. Que sea un “sí” total y sin condiciones.
La voz de nuestra Madre siempre nos acompañará: “Eres mi hijo; te amo. Ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige¸ no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?”
Nota: Nos vimos el Domingo 08 de Agosto a las 3:00Pm; en las 3 Centurias para la peregrinación de los adolescentes y jovenes a la Casa de nuestra Madre De de la Asunción.
DECANATO PONIENTE CD. DE ADOLESCENTES.
LLEVA TU MANTA Y TUS GLOBOS.... MUCHA ALEGRIA Y ACCIÓN DE CONVERSION PERSONAL.

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