¡Hola qué tal! recibe un saludo de todos los adolescentes del Decanato Poniente Ciudad; (GOREDAPA), nos sentimos motivados por tù visita, esperamos que por estè medio electrónico, se difunda mas la fe y esperanza que tenemos entre la chaviza de nuestro Decanato y Diocesis de Aguascalientes.
Este espacio fue creado especialmente para ti, en él podrás conocer Chavos (as),Reflexiones, Fotos y nuestra organización, así como información de las actividades y eventos.
La red de los chavos de hoy; con la mejor información sobre los acontecimientos, para que conozcan a Cristo entre la chaviza.
Lo más importante, para "GOREDAPA"; es ponerse en contacto con todos los adolescentes como "TÙ".
Se Nuestro Motor..... R.rrr. vaa.
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Lo más importante, para "GOREDAPA"; es ponerse en contacto con todos los adolescentes como "TÙ".
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sábado, 27 de noviembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
ADVIENTO 2010.Tema
TEMA- ADVIENTO 2010.
GRUPO 4. En aquel tiempo (Como en todos los tiempos), la gente solía pensar que eran más felices los que no se sentían salpicados por el llanto de los demás, los que no se mezclaban con los asuntos de nadie, los que eran capaces de decir: “Ese es problema suyo”; pero vino un rebelde y dijo: No, el camino de la felicidad pasa por el compromiso, por un corazón sintonizador, un corazón en el que encuentran eco todos los dolores de todas las personas.
GRUPO 5. En aquel tiempo (Como en todos los tiempos), se solía pensar que la felicidad pasa por el río revuelto de las ganancias de pescadores, por aquellos que son capaces de aprovechar la coyuntura de este mundo para sacar una cierta ventaja; pero vino un rebelde y dijo: No, son más felices quienes son capaces de sembrar la paz a su alrededor, aunque eso les traiga pérdidas.
2.1. Ambientación:
Este segundo momento será de formación para los grupos de adolecentes, se recomienda decorar el salón o lugar de la reunión con algunos carteles o figuras que hagan referencia a libertad y también a esclavitud, guerras y demás violencias modernas.
2.2. Objetivo:
Al finalizar el encuentro los adolescentes estarán en capacidad de:
- Emprender la aventura de la libertad como camino para la paz hoy y ahora mismo.
- Aprender cada día a ser libre, en las decisiones de cada momento
- Comprender que es la hora de aprender a vivir en paz, aprender a ser persona libre, aprender a ser feliz, porque todo esto es una misma realidad.
CANTO. Un Villancico.
2.3. Reflexión: “TAN FELIZ CON LAS MANOS ATADAS”
ADOLESCENTE: Escucha un increíble fenómeno:
“Un Oso blanco fue adquirido por un circo en un zoológico y liberado en un gran recinto. Muy pronto advirtieron que el animal aun contando con gran espacio a su disposición, continuaba recorriendo un pequeño trayecto de pocos metros. Un trayecto exactamente igual a la longitud de su antigua jaula del zoológico.
Se llegó a intentar la experiencia de arrojarle la comida a dos metros de la barrera de la hipotética jaula, algo inaudito: el Oso no traspasaba aquel límite imaginario. No probaba bocado, hasta el punto de dejarse morir de hambre.
La jaula se le había metido en la cabeza, las barras las tenía definitivamente en el cerebro.”
PREGUNTAS PARA EL DIALOGO.
¿En qué situaciones similares a las del Oso se encuentran los adolescentes de hoy?
¿Qué clase de barras y rejas llevan los adolescentes grabadas en sus cerebros hoy?
¿Qué clase de barras y rejas llevan los adolescentes grabadas en sus cerebros hoy?
CANTO. Un Villancico.
REPRESENTACIÓN
(Debe prepararse con anterioridad)
Aparece un chico sentado, con un semblante triste. Varios chicos de uno a la vez, van apareciendo y llevan una cuerda para ir enrollando al que esta sentado, cada cuerda termina con una palabra.
Aparece un chico sentado, con un semblante triste. Varios chicos de uno a la vez, van apareciendo y llevan una cuerda para ir enrollando al que esta sentado, cada cuerda termina con una palabra.
Cuerda 1. ORGULLO: Tu orgullo te impide caminar, ser libre.
Cuerda 2. COMPLEJOS: Tus complejos te impiden caminar, ser libre.
Cuerda 3. ENVIDIA: Tu envidia te impide caminar, ser libre.
Cuerda 4. EGOISMO: Tu egoísmo te impide caminar, ser libre.
Cuerda 5. VIOLENCIA: Tu violencia te impide caminar, ser libre.
Cuerda 6. COMODIDAD: Tu comodidad te impide caminar, ser libre.
Cuerda 7. MIEDOS: Tus miedos te impiden caminar, ser libre...
Entra un chico vestido de blanco y rompe todas las palabras y desata de las cuerdas al que está sentado.
ADOLESCENTE: CAMINA CON LIBERTAD, TU ERES LIBRE PARA AMAR Y BRINDAR LA PAZ. Esta no es una escena más. Eres tú mismo. Hay muchas otras cuerdas que a tu edad te impiden ser libre. Tal vez tú te creías de los mejores, pero no es así.... En esta Tarde (noche), te invitamos a encontrarte contigo mismo.
CANTO. Un Villancico.
2.5. Trabajo en grupo: “JESÚS REBELDE POR AMOR.”
Se divide al grupo en ocho equipos y cada equipo asume una de las estrofas del poema “El rebelde” y luego contestaran la pregunta, harán el dibujo y se hará la plenaria.
Se divide al grupo en ocho equipos y cada equipo asume una de las estrofas del poema “El rebelde” y luego contestaran la pregunta, harán el dibujo y se hará la plenaria.
ANIMADOR: Jesús sin usar las armas, ni la violencia, provocó una verdadera revolución en su tiempo. Su mensaje novedoso y su conducta libre y liberadora cambiaron el corazón de las personas y los valores en que se Basaba la sociedad judía. La revolución de Jesús fue la revolución del amor.
GRUPO 1. En aquel tiempo (Como en todos los tiempos), la gente pensaba que era más feliz quien más tenía; pero vino un rebelde y dijo: No, es más feliz quien más comparte.
GRUPO 2. En aquel tiempo (como en todos los tiempos), la gente pensaba que era más feliz aquel que encontraba razones para la venganza, que decía que sus derechos tenían que ser respetados pasase lo que pasase; pero vino un rebelde y dijo: No, el camino de la felicidad pasa por la no venganza y el perdón, por la aceptación de la diversidad y por la renuncia, a veces, a los propios derechos..
GRUPO 3. En aquel tiempo (Como en todos los tiempos), solía pensarse que eran más felices los que más reían, los que menos golpes habían sufrido en la vida, los que menos lágrimas habían derramado, aunque otros hubieran llorado por su causa; pero vino un rebelde y dijo: No, el camino de la felicidad pasa siempre por el dolor, que aquellos que han sufrido ven el mundo purificado.
GRUPO 4. En aquel tiempo (Como en todos los tiempos), la gente solía pensar que eran más felices los que no se sentían salpicados por el llanto de los demás, los que no se mezclaban con los asuntos de nadie, los que eran capaces de decir: “Ese es problema suyo”; pero vino un rebelde y dijo: No, el camino de la felicidad pasa por el compromiso, por un corazón sintonizador, un corazón en el que encuentran eco todos los dolores de todas las personas.
GRUPO 5. En aquel tiempo (Como en todos los tiempos), se solía pensar que la felicidad pasa por el río revuelto de las ganancias de pescadores, por aquellos que son capaces de aprovechar la coyuntura de este mundo para sacar una cierta ventaja; pero vino un rebelde y dijo: No, son más felices quienes son capaces de sembrar la paz a su alrededor, aunque eso les traiga pérdidas.
GRUPO 6. En aquel tiempo (como en todos los tiempos), se pensaba que eran más felices las personas del disimulo y la diplomacia, los que aprendían a fingir; pero vino un rebelde y dijo: No, el camino de la felicidad pasa por la cristalinidad, son felices aquellos que tienen un corazón limpio a través del cual se ve a Dios.
GRUPO 7. En aquel tiempo (como en todos los tiempos), se pensaba que eran más felices aquellos que en la balanza de la vida colocaban en un platillo los haberes y en otro los ideales y habían aprendido prudentemente a ceder un poquito de los ideales con tal de conseguir algo sustancioso; pero vino un rebelde y dijo: No, felices los que se mantienen fieles al ideal aun a costa de perder seguridades.
GRUPO 8. Y entonces se reunieron las personas del tener y la venganza, las del hartazgo y de la risa, las de la indiferencia y el aprovechamiento, las del fingimiento y las del desencanto y declararon al rebelde PELIGROSO. Y se reunieron las personas del compartir y la no-violencia, las del hambre y de las lágrimas, las de la misericordia y la pacificación, las de la cristalinidad y la fidelidad al ideal y dijeron que el rebelde, simplemente
ESTABA LOCO.
PARA REALIZAR:
1. Responder: Qué pensamientos y sentimientos despierta en ustedes la estrofa del poema?
2. Realizar un dibujo sin palabras que exprese la idea principal del mensaje de la estrofa.
CANTO. Un villancico.
2.6. Oración Final
TODOS:
Jesús, amar es el verbo más hermoso.
Gastamos la palabra y nos quedamos sin amor.
A ti que fuiste con la vida por delante,
que amaste antes de decirnos que tenemos que amar,
que curaste enfermos antes de mandarnos a visitarlos,
que alimentaste hambrientos antes de decirnos que tenemos
que darles de comer.
A ti te decimos hoy:
Jesús, enséñanos a amar primero al que no tiene amor,
Ni pan, ni cariño, ni vestido, ni casa, ni amigos.
Enséñanos a amar a todas las personas,
A la mujer, al niño, al anciano...
A ti te pedimos hoy:
Jesús, enséñanos a comprender que todo se termina:
Las palabras bonitas, las cuentas corrientes, los rezos y oraciones bellas.
Pero que al final de la tarde sólo queda el amor.
Sólo queda lo que hemos hecho con la persona.
El amor, el tuyo y el nuestro, se hará eterno
En la mañana de la resurrección.
Amén.
jueves, 18 de noviembre de 2010
Mí Regalo... ¡REY!
El próximo domingo 21 de noviembre celebramos la fiesta de Cristo Rey, con la cual culminamos el Año Litúrgico.
Hemos de advertir que, de ordinario, la imagen de rey que nos viene a la cabeza es de alguien vestido de manera elegante, con corona, rodeado de lujos y de poder. No es ésta la imagen de Cristo, Rey del Universo, pues Él proclama y vive un Reino de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz.
En ese sentido nos ha ido formando Cristo Jesús cuando lo hemos ido siguiendo con el evangelio de san Lucas a lo largo de muchos domingos, en su prolongado e importante camino hacia Jerusalén. Efectivamente, Jerusalén es la meta donde Jesús culmina su misión; es el lugar de su misterio pascual, o sea de su muerte en la cruz y su resurrección.
De modo que celebramos a Cristo Rey, pero en un trono singular, que es la cruz. Ciertamente es la cruz iluminada por la resurrección; pero ésta, la resurrección de Jesús, no cancela el momento de la muerte en cruz, sino que le da sentido.
Esta es nuestra fe: en Cristo Rey del Universo, crucificado y resucitado. De esta manera, nuestra fe nos lleva a aceptar y llevar nuestra propia cruz, y esto con paz, con esperanza e incluso como experiencia de gloria, según lo vive el mismo Jesús. La cruz no asfixia, sino que libera. Es la cruz de la verdad, de la vida, de la justicia, del amor, de la paz. Cuesta, pero vale la pena.
Uniéndonos de alguna manera a la petición del ladrón arrepentido y colgado también junto a Cristo crucificado, digamos cada uno y juntos: “Señor Jesús, tú que estás ya en tu Reino, acuérdate de nosotros” y ayúdanos a sostenernos en tu seguimiento cargando con paz y con gozo nuestras propias vidas y sociedad.
¡Señor queremos Paz para nuestra patria!, ten piedad. Como lo hiciste con el ladrón arrepentido.
Al hablar de nuestra patria, es hablar de nuestros Niños, Adolescentes- Jovenes, Familias, Ancianos, que estamos pasando por diferentes anemias sociales que nos carcomen y nos hacen sentir que no hay Esperanza, ni futuro. Señor Jesus se nuestro rey nuestro escudo y nuestro balsamo a nuestras necesidades.
“Viva Cristo Rey. Así gritemos nosotros. No es grito de guerra, sino de fe convencida, humilde y firme de quien quiere ser discípulo, testigo y apóstol de Cristo Jesús en el mundo de hoy.
María, Madre de la Iglesia, nos obtenga que Cristo, Rey del universo, sea el Rey de nuestro corazón, de nuestras familias y de nuestras comunidades. En el nombre del Señor.
martes, 2 de noviembre de 2010
Caminando 46 Días con María.
María en su Infancia.
Madre admirable
De María nunca se dirá todo. No se puede. Siempre hay algo más que decir de hermoso, de dulce, de grande. Las letanías son un amable intento de decir todas las grandezas de María, pero se quedan cortas.
Admirable por sus privilegios: gentilezas de Dios para su Flor: Inmaculada es su nombre, lo que la distingue y la hace brillar en la noche del mundo. Admirable por su sencillez: Tan grande y tan chica. Con una mano toca a Dios Omnipotente y con otra a sus niños de la tierra. “He aquí la esclava del Señor”. Queremos conocer a la esclava más maravillosa del mundo. Sirve en los atrios del Señor. Nos han contado tantas cosas de su santidad, de su belleza. Dicen que sus manos son las más bellas y que las usa solamente para servir, para hacer el bien... Admirable como el paisaje que se mira y se vuelve a mirar y nunca se quiere dejar de contemplar, porque infunde alegría, ternura, admiración.
Oh Madre admirable, maravillosa...Todos los adjetivos se quedan chicos porque eres demasiado grande, santa y hermosa. Quiero mirarme en tus ojos purísimos, en ese océano de amor y pureza para que, por contagio, algo de Ti se pase a mí: algo de tu pujreza, de tu amor, de tu santidad.
Eres un paisaje que han admirado millones de seres antes que nosotros, y detrás de nosotros seguirán admirándote sin cansarse jamás. ¿¡Qué tienes, criatura celestial, que todos se enamoran de Tí...?
lunes, 1 de noviembre de 2010
"No estan Muertos, solo estan en el jardin de Dios"
La Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.
Hay unos que han sido "canonizados", o sea declarados oficialmente santos por el Sumo Pontífice, por lo que por su intercesión se han conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación e interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha llegado a la conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico.
Para ser declarado "santo" por la Iglesia Católica se necesita toda una serie de trámites rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue ejemplar, se le declara "Siervo de Dios". Si por detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, es declarado "Venerable". Más tarde, si por su intercesión se consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es declarado "Beato". Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara "santo".
En el caso de algunos santos el procedimiento de canonización ha sido rápido, como por ejemplo para San Francisco de Asís y San Antonio, que sólo duró 2 años.
Poquísimos otros han sido declarados santos seis años después de su muerte, o a los 15 o 20 años. Para la inmensa mayoría, los trámites para su beatificación y canonización duran 30, 40, 50 y hasta cien años o más. Después de 20 o 30 años de averiguaciones, la mayor o menor rapidez para la beatificación o canonización, depende de quien obtenga más o menos pronto los milagros requeridos.
Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy.
FELICES FIESTAS CRISTIANAS.
"No estan Muertos, solo estan en el jardin de Dios"
jueves, 21 de octubre de 2010
24 de Octubre Dia Mundial de las Misiones.
El próximo día 24 celebramos el Domingo Mundial de las Misiones, fecha que provoca definir octubre como mes de las misiones, aunque, a decir verdad, todos los meses y los días del año deben ser misioneros. Años atrás esto era tema muy sabido y valorado; pero ahora hay cosas básicas de nuestra fe poco conocidas y menos todavía vividas. Precisemos qué significa esto, aunque sea brevemente.
Al ser católicos somos plenamente cristianos, porque pertenecemos a Cristo y Él da sentido a nuestra vida. Esto lo ha repetido insistentemente el Papa Benedicto XVI. Si nos encontramos verdaderamente con Cristo, no podemos quedar insensibles o indiferentes a su presencia, sino que nos convertimos en sus discípulos, queriendo aprender sobre todo su estilo de vida: sencillo, humilde, veraz, bondadoso, totalmente dedicado a obedecer a Dios Padre para bien de nosotros, a quienes Cristo acoge como hermanos.
Cuando tenemos la vivencia de algo o alguien que nos ha fascinado, queremos compartirlo con los familiares y amigos. Así ha de ser en relación con Cristo: No podemos callarlo, sino que nos convertimos en testigos y misioneros suyos, deseando comunicar a los demás esta fascinación por Cristo, reproduciendo en nuestro trato con todos el estilo de vida de Cristo, que aparece vivamente reflejado en su Evangelio. Ser misionero de Cristo es anunciarlo, celebrarlo, servirlo en nuestra relación con los demás.
Felicito a usted si piensa y ejecuta la intención de ir a lugares lejanos donde hay pocos bautizados; pero también se puede ser misionero donde estamos viviendo ordinariamente: en la familia, en el trabajo, en el deporte, en el ámbito educativo, político, colaborando en servicios concretos en la parroquia y en todo programa que significa mejoría de la población donde vivimos.
Ser misioneros es dar testimonio claro y convincente –por Cristo y con Cristo- a favor de la vida humana desde que ésta ha iniciado con la fecundación o fertilización o concepción y hasta que tenga lugar la muerte natural, o sea sin apresurar que termine de otra manera. También podemos ser misioneros siendo honestos, veraces, auténticos, o sea sin apariencias engañosas; cuando perdonamos al que nos ofende, cuando damos de comer al que tiene hambre o de beber al que tiene sed; cuando atendemos al enfermo o al encarcelado, cuando compartimos nuestro tiempo, nuestros conocimientos y bienes a favor de quienes lo necesitan.
El auténtico misionero no espera recompensas inmediatas, especialmente gratificaciones económicas o afectivas, sino que se entrega a Dios, y por Dios a los demás, y en Dios tiene su recompensa, ayudando a que otros regresen a Cristo y lo sigan también como perseverantes discípulos y entusiastas misioneros.
Invito a ti a ofrecer maneras concretas de ser misionero de Cristo siempre en tu Familia, Sociedad, Escuela y en todas parte y de manera permanente.
Padolescentes-Goredapa
miércoles, 13 de octubre de 2010
Revisemos nuestro estilo de vida
VER:
El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, a realizarse en Madrid en agosto de 2011, constata que “la cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio -como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia- se constata una especie de eclipse de Dios, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza”.
Cito al Papa porque tiene una visión mundial muy calificada, que nos ayuda a comprender lo que pasa entre nosotros. En efecto, no faltan gobernantes, legisladores, aspirantes a puestos públicos y creadores de opinión que, aunque son bautizados y se consideran creyentes, tienen una ignorancia casi supina de lo que es su religión, de lo que es libertad religiosa, que limitan a libertad de culto y de conciencia, y siguen insistiendo que su fe en Dios nada tiene que ver con la política, la economía, la educación, las comunicaciones, etc. No han tenido un encuentro vivo, personal, existencial con Jesucristo, y por ello su poquita fe está a punto de extinguirse, pues la ocultan y la ahogan. ¿De veras conocen a Dios?
JUZGAR:
Sigue diciendo el Papa a los jóvenes: “Es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esa fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. Sin el Creador, la criatura se diluye. Por este motivo, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuanto muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento.
Hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un paraíso sin él. Pero la experiencia enseña que un mundo sin Dios se convierte en un infierno, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, lo adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde a cada uno se le respeta en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que los alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral”.
ACTUAR:
En vez de estarle echando culpas al sistema que nos rige y a la globalización, revisemos el estilo y los contenidos de nuestra pastoral evangelizadora. ¿Por qué muchos bautizados son ignorantes de su fe? ¿Por qué algunos católicos cambian de religión, buscando una creencia que quizá sólo les consuele sensiblemente? ¿Qué encuentran allá, que no tengamos nosotros en plenitud, con todos los medios salvíficos que Jesús dejó a su Iglesia? ¿Por qué otros siguen cayendo en supersticiones y brujerías, con ritos más veterotestamentarios que cristianos, o en un culto pagano a la llamada “santa muerte”?
Por otra parte, revisemos nuestro estilo de vida personal, pues muchos se alejan de Dios y de la Iglesia por nuestros testimonios negativos. Deberíamos ser puentes para llegar a Dios, no obstáculos para acercarse a El.
El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, a realizarse en Madrid en agosto de 2011, constata que “la cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio -como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia- se constata una especie de eclipse de Dios, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza”.
Cito al Papa porque tiene una visión mundial muy calificada, que nos ayuda a comprender lo que pasa entre nosotros. En efecto, no faltan gobernantes, legisladores, aspirantes a puestos públicos y creadores de opinión que, aunque son bautizados y se consideran creyentes, tienen una ignorancia casi supina de lo que es su religión, de lo que es libertad religiosa, que limitan a libertad de culto y de conciencia, y siguen insistiendo que su fe en Dios nada tiene que ver con la política, la economía, la educación, las comunicaciones, etc. No han tenido un encuentro vivo, personal, existencial con Jesucristo, y por ello su poquita fe está a punto de extinguirse, pues la ocultan y la ahogan. ¿De veras conocen a Dios?
JUZGAR:
Sigue diciendo el Papa a los jóvenes: “Es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esa fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. Sin el Creador, la criatura se diluye. Por este motivo, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuanto muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento.
Hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un paraíso sin él. Pero la experiencia enseña que un mundo sin Dios se convierte en un infierno, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, lo adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde a cada uno se le respeta en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que los alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral”.
ACTUAR:
En vez de estarle echando culpas al sistema que nos rige y a la globalización, revisemos el estilo y los contenidos de nuestra pastoral evangelizadora. ¿Por qué muchos bautizados son ignorantes de su fe? ¿Por qué algunos católicos cambian de religión, buscando una creencia que quizá sólo les consuele sensiblemente? ¿Qué encuentran allá, que no tengamos nosotros en plenitud, con todos los medios salvíficos que Jesús dejó a su Iglesia? ¿Por qué otros siguen cayendo en supersticiones y brujerías, con ritos más veterotestamentarios que cristianos, o en un culto pagano a la llamada “santa muerte”?
Por otra parte, revisemos nuestro estilo de vida personal, pues muchos se alejan de Dios y de la Iglesia por nuestros testimonios negativos. Deberíamos ser puentes para llegar a Dios, no obstáculos para acercarse a El.
¡Tengan fe en Dios, y no se alejen de El por nuestras deficiencias!
sábado, 4 de septiembre de 2010
"Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la Fe”
"Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7)
Queridos amigos
Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.
1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes
En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio –como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia–, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.
Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.
2. Arraigados y edificados en Cristo
Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: “arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.
La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.
Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama “amigo de Dios”» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).
Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.
3. Firmes en la fe
Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.
El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo “necedad” (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.
Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el “sí” de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.
4. Creer en Jesucristo sin verlo
En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).
También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.
Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».
5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos
En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).
En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.
6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid
Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.
Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su “fiat”, su “sí”, recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.
Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor
Queridos amigos
Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.
1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes
En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio –como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia–, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.
Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.
2. Arraigados y edificados en Cristo
Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: “arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.
La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.
Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama “amigo de Dios”» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).
Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.
3. Firmes en la fe
Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.
El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo “necedad” (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.
Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el “sí” de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.
4. Creer en Jesucristo sin verlo
En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).
También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.
Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».
5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos
En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).
En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.
6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid
Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.
Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su “fiat”, su “sí”, recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.
Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor
lunes, 30 de agosto de 2010
Día de los Abuelos.
Cuando los abuelos entran en la casa, la disciplina vuela por la ventana...
“Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso…le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor…Estaba allí la profetisa Ana…era de edad avanzada…no se apartaba del templo sirviendo noche y día con oraciones y ayunos…” (Lc 2,25ss)
Queridos Abuelitos y Abuelitas:
En el día 28 de agosto, justamente dedicado a los abuelitos y abuelitas, nos dirigimos a ustedes con cariño, reconocimiento y respeto.
En la Sagrada Escritura la edad avanzada es símbolo de bendición de parte de Dios, de la sabiduría y de la prudencia. Y así, aunque la edad adulta trae también consigo momentos de soledad, enfermedad, cansancio, angustia, desesperación por las necesidades económicas y de salud, todo ello se puede vivir con esperanza y confianza en el Amor de Dios.
No faltan las tentaciones de la impaciencia, una sensación de inutilidad en la familia y en la sociedad, que acarrean consigo una profunda tristeza y, hasta en ocasiones, la pérdida del sentido de la existencia, especialmente en estos tiempos en que pareciera ser que el adulto mayor no tiene un espacio digno en la familia y la sociedad.
San Lucas, en el episodio de la Presentación de Jesús en el Templo, nos transmite un mensaje de esperanza y de buena noticia para nuestros hermanos mayores al mostrarnos las actitudes y las acciones de Simeón y Ana: confianza en la promesa de Dios y dejarse guiar por el Espíritu Santo, reconociendo ante todos al Salvador y hablar de Él al pueblo presentándolo como “Luz para alumbrar a las naciones”.
De esta escena podemos comprender cómo la edad adulta no es una etapa inútil, sino un tiempo de fe y de gracia para dejarse conducir por el Espíritu Santo, quien nos impulsa para hacer la experiencia de encuentro con Cristo vivo como lo vivieron Simeón y Ana. La edad adulta, lejos de ser una etapa de desesperanza, es el tiempo de confirmar lo que se cree, se espera y, sobre todo, tiempo de testimoniar la madurez en el amor que confía y se abandona en Dios.
La edad adulta no es tiempo de soledad sino de caridad en el servicio de la comunidad familiar, ya que los abuelos tienen un papel muy importante en la herencia de los valores humanos, sociales y religiosos como su Santidad el Papa Benedicto XVI nos lo ha recordado (Cfr. XVIII Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia). Y uno de los servicios privilegiados que pueden hacer es el de la verdad, es decir, testimoniar y enseñar sólo la verdad, el bien y la belleza de una vida madurada en el crisol del amor, de la fe y de los valores humanos y cristianos.
Nos unimos al homenaje celebrativo que hoy se les ofrece, y hacemos un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a reconocer el valor que tienen nuestros hermanos adultos mayores en la construcción de nuestras familias, de nuestra sociedad y de la Iglesia, ya que ellos nos transmiten los principios que garantizan la identidad familiar en todos sus aspectos: humano, cultural, espiritual, moral y cristiano.
¡Felicidades por este día, les enviamos un cordial saludo, lleno de gratitud y cariño junto con nuestra Bendición pastoral!
+ Francisco Javier Chavolla Ramos
Obispo de Toluca
lunes, 16 de agosto de 2010
viernes, 13 de agosto de 2010
jueves, 12 de agosto de 2010
12 DE AGOSTO DIA INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD 2010
• La juventud futuro de nuestro mundo
• La juventud futuros padres de familia
• La juventud futuros empresarios
• La juventud futuros educadores
• La juventud futuros…
Pensando en el valor que deben tener en nuestra sociedad no solo hoy debemos ponerles atención, la juventud necesita ser escuchada, tomada en cuanta, valorando su responsabilidad en medio de su poca experiencia pero con muchas iniciativas, sabiendo que todos hemos pasado por esta bella etapa de la vida que hoy de una manera diversa vive nuestra juventud, pero que no deja de ser una etapa donde se buscan desafíos, aventura, el probar nuevas experiencias, se busca ser comprendido, escuchados, amados y que de una manera u otra manifiestan su inconformidad por medio de la música, su forma de vestir, de hablara o algún objeto que implementan en su cuerpo es el lenguaje por el cual debemos saber escuchar a nuestra juventud para poderles conocer buscando así estar con y a favor de la juventud por una verdadera construcción de la civilización del Amor y poder decir celebramos verdadera mente a la juventud y no sea un sentido solo de mercadotecnia como siempre es empleada la juventud.
Que sea una celebración verdaderamente para y desde la juventud.
FELICIDADES A NUESTRA JUVENTUD
LES DESEAMOS
LA PASTORAL DE ADOLESCENTES "GOREDAPA"
jueves, 5 de agosto de 2010
“El ‘sí’ de María nos trae la paz”. Reflexión de la Semana del Adolescentes de la Asunción 2010
“El ‘sí’ de María nos trae la paz”
“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38)
1. SALUDO
Venimos a la casa de nuestra Madre Asuncion para sentir lo que Jesús sintió: la ternura de Su madre y nuestra madre. Estamos aquí, en casa, para mirarnos en los ojos de la mamá que nos recibe con flores.
No hemos venido como turistas, sino como peregrinos. El turista se cansa, compra y posee, solo viene a sacar fotos que después pierde, pregunta por las opiniones, regatea y anda de mal humor. El peregrino, en cambio, resiste, admira, disfruta, busca la verdad, anda siempre alegre, valora y se entrega.
2. ¿QUÉ NOS ANGUSTIA HOY?
En nuestro País se están dando graves amenazas contra la vida, don de Dios. También en la Sierra, el hambre y el narcotráfico se han hecho presentes como nunca.
Los daños son inmensos: daños a la salud porque las víctimas se destruyen; daños culturales porque ya se mina el amor a la tierra, a las tradiciones, a la familia; daños a la visión del trabajo legítimo y honrado ya que ganar dinero fácil, rápido y sin esfuerzo se va haciendo ley; el miedo en que se vive ya no deja vivir.
¿Por qué, si Dios nos hizo simples, nos hemos complicado tanto?, ¿por qué llevamos tan dentro la agresividad y la violencia? ¿Por qué no somos como deberíamos ser y estamos llamados a ser?
3. ILUMINACIÓN
Según la Palabra de Dios fuimos creados para vivir en armonía con Dios, con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos. El hombre grita gozoso al ver a Eva (Gén 2, 23) y tiene el primer diálogo con Dios (3, 9-13). Nuestros primeros padres viven con alegría en el paraíso.
Pero esta relación de comunión termina cuando el ser humano se deja engañar por la serpiente. Hubo una mujer que dialogó con el maligno y nos hizo mucho mal a sus hijos. Vino la caída y la consecuencia: salir del paraíso. Nuestros primeros padres fueron engañados y perdieron la inocencia. Se hicieron maliciosos como la serpiente. Perdieron la gracia de Dios y dejaron de ver el mundo con ojos de inocencia.
Hay dos preguntas dramáticas que Dios le hace al ser humano: la primera es “¿Dónde estás?”, y la segunda “¿Dónde está tu hermano?”. Son preguntas muy pesadas. A la primera pregunta el hombre se escondió y no contestó. A la segunda, Caín tampoco contestó. Su respuesta fue cínica y agresiva: “¿Acaso soy guardián de mi hermano?” (Gen 4, 9).
Las preguntas son para todos y muy actuales. Nos involucran a todos y en cualquier época. Cada uno tiene que responder.
Pero no todos se han escondido en su respuesta. Ha habido hombres y mujeres que han respondido: “Heme aquí” dijo Abraham (Gén 22, 1), “aquí estoy” respondió Jacob (Gen 31, 11; 46,11), “heme aquí” dijo Moisés (Ex 3, 4)…
La más radical y asombrosa respuesta la tenemos en dos personas: el Hijo de Dios “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (Hebr 2, 13; 10, 15), y la Santísima Virgen María “He aquí la sierva del Señor…”. Fueron respuestas plenas: Aquí estoy con mis hermanos.
Si hubo una mujer (Eva) que habló con la serpiente, y nos trajo la muerte; hubo otra (María) que dialogó con Dios y nos trajo la vida.
Cuando el ángel la saluda con aquél piropo cariñoso: “Alégrate preciosa”, y le presenta el Plan de Dios sobre ella y sobre la humanidad, María pregunta, acepta, obedece y corre el riesgo. Su respuesta fue un “Sí” total y sin condiciones.
Ese “Sí” de María que dio en Nazaret y que traspasa los tiempos no fue un “sí, pero…”, “sí, ya veremos…”, “sí, según las circunstancias…”; fue un sí sin ninguna reserva y condición. Su respuesta a la Palabra no fue a medias sino total y exacta. Fue un “Aquí estoy” hasta las últimas consecuencias. “He aquí a esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38).
4. ACCIONES
Hoy queremos decir “sí” a la vida. Le pedimos a Dios nos devuelva la inocencia (ser inocente no es lo mismo que ser ingenuo). Por eso rezamos, cantamos y danzamos; aunque la violencia parezca ahogar la voz de los que estamos y de los que no pudieron venir. Cuando muere la fiesta, muere la vida; cuando ya no se danza, es que ya se ha perdido todo.
Ante tanta complicación, pedimos la sencillez. La vida consiste en irse haciendo simple. Dios nos hizo sencillos, pero nosotros nos complicamos.
Queridos hijos Gilberto, Enrique y Heriberto: al recibir los ministerios, todos los presentes nos unimos a ustedes para ayudarles a decir “Sí” con y como María. Que sea un “sí” total y sin condiciones.
La voz de nuestra Madre siempre nos acompañará: “Eres mi hijo; te amo. Ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige¸ no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?”
Nota: Nos vimos el Domingo 08 de Agosto a las 3:00Pm; en las 3 Centurias para la peregrinación de los adolescentes y jovenes a la Casa de nuestra Madre De de la Asunción.
DECANATO PONIENTE CD. DE ADOLESCENTES.
LLEVA TU MANTA Y TUS GLOBOS.... MUCHA ALEGRIA Y ACCIÓN DE CONVERSION PERSONAL.
GOREDAPA
PASTORAL DE ADOLESCENTES PTE CD AGS.
La homilía pronunciada por el papa Pío XII en la canonización de Santa María Goretti.
Ella es mi fortaleza ; ella me aconseja y me ayuda. Así, fortalecida por la gracia del cielo, a la que respondió con una voluntad fuerte y generosa, entregó su vida sin perder la gloria de la virginidad.
No todos estamos llamados a sufrir el martirio, pero sí estamos todos llamados a la consecución (acción y efecto de conseguir) de la virtud cristiana. Animémonos todos a esta lucha cotidiana, apoyados en la gracia del cielo; sírvanos de estímulo la santa virgen y mártir María Goretti; que ella, desde el trono celestial, donde goza de la felicidad eterna, nos alcance del Redentor divino, con sus oraciones, que todos, cada cual según sus peculiares condiciones, sigamos sus huellas ilustres con generosidad, con sincera voluntad y con auténtico esfuerzo.
papa Pío XII .
BIENVENIDOS...
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